Vivo.
Sin sentimientos.
Cuando aflora en mí lo que podría tratarse de instinto humano.
De querer confiar en el mundo para aplacar el vacío desgarrador que siento.
Pero entonces el mundo me da por culo a mí y a mi ingenuidad ocasional para dejar totalmente (o por lo menos hasta que regresen los sentimientos primarios) de creer que la gente insustancial podría aportarme una mierda.
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