Toda esa mierda que no sale de ningún sitio claro. Pero que está ahí. Fiel, contigo en el camino, la arrastras de fiesta en fiesta, y a veces te arrastra ella a ti.
Te clava en el suelo, te atornilla con ira.
La situación es verte enterrada hasta las cejas y salir del embrollo. Buscas el apoyo, esa mano amiga que te elevaría del barrizal, pero qué coño.
El no querer desesperar te enseña a vivir en el subsuelo, envidiando la vida de los que respiran aire puro, soñando ser uno de ellos o buscando a los de tu misma condición -que cuanto más enterrados, mejor-.
Las ilusiones cuando una capa de tierra yace sobre ti; no son buenas.
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